Mostrando entradas con la etiqueta Migue. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Migue. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de junio de 2010

Fresas, amo las fresas.

A mí nunca me hablan los chicos guapos, solo para pedirme los apuntes o los ejercicios. No sabía que ni como contestarle, mi madre no me dejaría irme con él.
-Sí. –Tuve que contestarle al fin.
-¿De veras? No te ofendas, pero no me pareces la típica chica que se vaya a ir por ahí un viernes por la tarde –Joder, que razón tenía… ¿Ahora qué?
-¿Qué pasa? Que tú vas a lo seguro, ¿no? –¿Qué me pasaba? No entendía porque le contestaba de esa forma.
-Como lo sabes –sonrió. Pero no, en serio, ¿tienes planes para hoy? Quiero enseñarte algo…
-Que no, que para variar me voy a pasar un viernes encerrada en casa. Pero mi madre no me va a dejar salir contigo.
-No se lo digas, no vayas a casa, ven conmigo ¡corre!
Entonces me llevo a su casa, dejamos las mochilas, cogió una bolsa con comida y se marchó.
Su casa era preciosa, sabía que vivía por mi barrio, pero no imaginaba que aquella casa era suya. Parecía un palacio, era enorme.
Entonces echamos a andar, no se nos acababa el tema de conversación, quería saber todo de mi, y yo de él.
Llegamos al rio, es un lugar bonito, pero si me quería enseñar un sitio, creí que sería algo más especial.
-¿Esto es lo que me vas a enseñar? –pregunté, estaba siendo más extrovertida que nunca, yo nunca hablaba con chicos, pero con él estaba bien, estaba más que bien.
-¿Quién te dijo que te iba a enseñar un lugar? Pero si insistes… anda ven –siguió caminando y se adentro en un trocito de bosque, entonces, llegamos a un bonito árbol y en él, una casa, de madera, como las de los dibujos animados, era preciosa.
-¡Oh! ¡Me encanta! Gracias –le sonreí.
-Te mereces más que esto, te quiero, quiero que seas feliz, por favor -lo dijo muy bajito y muy rápido, pero le entendí. Aun así, ignoré lo que dijo, porque ahora sí que no sabía cómo contestarle.
-¿Has traído fresas? Amo las fresas –Le sonreí de oreja a oreja.

jueves, 17 de junio de 2010

El patito feo.

Yo nunca he sido la chica guapa, ni la chica popular, ni la simpática, ni la del cuerpazo… Siempre me he conformado con lo que tengo, con lo que soy, pero hay veces que por mucho que lo intentes te hundes, de hecho, te hunden.
Hoy es viernes, no tengo mucho que hacer, iré al instituto, soportaré algunas miradas y risas y volveré a encerrarme en casa.
Al entrar en el instituto allí estaba mi amiga Alejandra, era la única chica que consideraba mi amiga, la única que no me criticaba o se reía de mí, estaba con su nuevo novio, bueno… un amigo especial, aun se están conociendo, se conocieron en un autobús y hace dos semanas coincidieron en un pub, fue una historia bonita, una de estas que dices “ojalá conociese yo a alguien así”. Él es bastante guapo, casi siempre lleva un sombrero algo extravagante, es distinto.
Bueno, me dirigí hacia mi taquilla, saque los libros y los apuntes de Matemáticas y me dispuse a ir a mi aula. Entonces tropecé, todas las hojas y los bolígrafos cayeron por el suelo. Vi a Alex con su grupillo riéndose, no había tropezado, me habían hecho la zancadilla. No les iba a decir nada así que me agache y recogí todo lo que había caído. Para mi sorpresa, Migue, uno de esos chicos, se acercó y me ayudó a recoger las cosas. Le di las gracias cabizbaja y seguí andando hasta el aula, el volvió con su grupillo.
-¿Qué coño haces? ¿Es que te mola la rarita? Menudo gilipollas estás hecho, joder, Migue...- oí a lo lejos a Alex.
No entiendo porque era la rarita, no era del todo normal, supongo que me gusta engañarme, si tantos lo pensaban… sería así de rara. Cada día me convencen más, debo de ser una mierda…
Cuando terminaron las clases cogí el autobús para ir a casa, iba escuchando Los Beatles y al bajar del autobús, allí estaba Migue, con sus cascos, escuchando algo de rap, seguro… Me sonrió y me dijo “¿Tienes algo que hacer esta tarde?”.