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domingo, 6 de junio de 2010

Y no, no paramos :)

Sentí el roce de sus labios que acariciaban mi mejilla, fue un instante, no más de dos segundos, pero para mí, un momento eterno de felicidad.
Me sentía de película, él… se que pensareis que no lo conocía, pero era el chico de mi vida, lo demostraría, tenía una eternidad para conocerlo.
Era guapísimo. Solo me había fijado en sus ojos y sus manos, era lo que más llamaba la atención de él. Pero sus labios, su nariz, su pelo… Todo, absolutamente todo era envidiable.
Cuando despegó sus labios de mi cara, dijo su nombre:
-Soy Marco, encantado –ese nombre era especial, Marco, suena bien, de hecho, suena genial.
-Hola, yo soy Alejandra –dije con un hilo de voz.
Eran las palabras más estúpidas del mundo, las más insignificantes, pero no las olvidaré. El pronunciar su nombre con su media sonrisa, no, sin duda alguna no lo olvidaré.
Nos quedamos callados un rato, no sabíamos que decir, no nos conocíamos.
-¿Por qué tardaste tanto en contestarme en el autobús? –preguntó por fin, no era lo que me hubiese gustado que dijera ¿qué iba a contestar yo ahora? pero al menos habló, el silencio me empezaba a incomodar.
-No sé, me quede pillada, no sabía qué hacer, fue extraño.
Y otra vez sacó su media sonrisa que dejaba enseñar algunos de sus dientes, me volvía loca.
-¿Quieres bailar? –soltó, esto iba de mal en peor.
-Pero ¿cómo vamos a bailar? Si no hay nadie bailando… no hay ni pista de baile –ese chico estaba loco.
-¿Acaso eso importa? ¿Había alguien más en el autobús dibujando caritas? No te guíes por lo que hagan los demás –Me cogió de la mano y justo en ese momento empezó a sonar una canción lentita, de estas de bailar pegados, el universo estaba de mi parte.
Estábamos bailando, los dos ahí en medio, como dos completos idiotas. Sentía su respiración, sus manos… Entonces, sentí sus labios, sentí que nos uníamos, sentí como retiraba el pelo de mi cara, como me abrazaba más fuerte y nos seguíamos moviendo al ritmo de la música, mientras me besaba con toda su fuerza.
Separó sus labios, los acerco a mi oreja y susurró:
-Dime que pare, tan solo dime que pare…

viernes, 4 de junio de 2010

¿Obsesionada?

Una semana, una semana entera había pasado desde que lo vi, desde entonces no me lo quitaba de la cabeza, era una obsesión, era soñar con él todos los días… La semana más larga de mi vida, deseaba volver a verlo y tenía esa ilusión metida en mi cabeza, que estupidez, nunca antes lo había visto en el autobús, seguramente ni era de aquí.
En esa semana suspendí tres exámenes, ignoré a mis mejores amigos, desobedecí más aun a mis padres… no era yo, era otra persona, una obsesionada, una enferma. Era presa de un sueño, arrastraba las cadenas más pesadas que puedas imaginar.
Mi mejor amiga, Claudia, se limitaba a sacarme de mi burbuja… Así que el sábado noche nos fuimos por ahí, de fiesta, a olvidar tonterías. Entramos a unos cuantos pubs y bares, yo estaba cansada y quería volver a casa, pero ella insistía. Nos metimos en un callejón perdido, llevo viviendo en esta ciudad 16 años, me conocía todos los rincones, sin embargo, ese callejón ni me sonaba. Entramos en un pub, un antro, pero la música no estaba nada mal y bueno, era bastante barato. A la segunda copa supe qué clase de sitio era aquel, me tenían que haber echado algo en la bebida ¿estaba flipando?Se abrió la puerta y apareció él. Con un sombrero, una mezcla de estos que llevan los hombres trajeados y del bombín de Charlotte, con una camisa que resaltaba sus ojos y unos vaqueros gastados, rotos. Agarré a Claudia del brazo con toda mi fuerza y me la llevé a una esquina:
-¡Es él!¡Es él!-dije.
-¿Es quién? ¿Estás borracha?- Me contestó, creo que la que se había pasado con el alcohol era ella.
-Joder, Claudia ¿Quién va a ser? ¡De quien llevo hablando toda la semana! –Le conteste nerviosísima. Entonces, oí un carraspeo detrás de mí.
-Así que… llevas toda la semana hablando de mí ¿eh?-Dijo la voz más bonita del mundo, no era dulce pero tampoco una voz de estas roncas de “macho”.
Me quedé paralizada. No conseguía articular una palabra, entonces sus labios se acercaron a mi mejilla, junto a un “déjame que me presente…”