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jueves, 29 de julio de 2010

Love of lesbian.

Y su rimmel recorría su cara. Sus ojos caramelo brillaban más de lo normal. Puede ser extraño, pero estaba más preciosa que nunca. Aún así no la conseguía ver muy bien, empezaba a marearme y veía todo borroso, me pasé con el vodka. Ana se acercó a mí, nunca la había visto tan decepcionada.
-Javi está liándose con la zorra de Jess.
-¿Qué coño hablas? Pero ¿Qué? Si os acabo de ver juntos… - No sabía cómo reaccionar, no sé si por el alcohol… nah, no tenía nada que ver, aquello no tenía sentido.
-¿Sabes? El alcohol juega muy malas pasadas, pero si no se controla… a saber con cuantas me ha engañado –Cogió mi botella de vodka y empezó a bebérsela.
-No digas eso, sabes que no… -me callé ¿para qué iba a hablar de algo que no sabía?
-No estés mal cariño, ya sabes, los tíos son gilipollas. Debería hacerme lesbiana –solté con una risita y le di un beso en su mejilla.
Ella me devolvió ese beso. Y sin darme cuenta comencé a besarla, pequeños besos en su piel tan suave… La besé en la mejilla, justo debajo del ojo, y bajé, y rocé la comisura de sus labios, besé su cuello… Entonces ella se separo de mí. No sé porque la comencé a besar, debí asustarla… Pero me agarró con sus dos manos, me miró a los ojos, las dos teníamos lágrimas en ellos, los cerró y me besó, un beso suave, casi una caricia en los labios.
Y yo continué aquel beso, duró largos minutos, acabamos las dos tumbadas en mi hamaca, una encima de la otra, como si aquel beso fuese el último.
Y creo que desde ese día la frase “Los tíos son gilipollas. Debería hacerme lesbiana” comenzó a ponerse en práctica. ¿Éramos lesbianas? No sé, éramos novias, como cualquier pareja, la quería y si fuese chico o chica aquello no hubiese cambiado. Es maravilloso querer a alguien sin darle importancia a que o como sea.

sábado, 10 de julio de 2010

Algo más que amor.

Me cogió de la mano y fuimos a su casa. Me encerré en el baño en cuanto llegué y tras media hora jugueteando nerviosa con el test en mis manos decidí hacerlo.
Cinco minutos tenía que esperar, mientras tanto me comí hasta la última de mis uñas.
Ya habían pasado esos cinco largos minutos así que cogí el test con cuidado, con los ojos cerrados y tras un instante de nerviosismo, miedo, sudor, lágrimas decidí abrirlos y mirarlo.
Negativo.
Suspiré con todas mis fuerzas, de tal manera que Migue lo oyó, bueno normal… estaba pegado a la puerta.
-¿Mar? –dijo aporreando la puerta –ya han pasado más de cinco minutos ¡¿Mar?!
Pero yo no quería contestarle. Me senté en el váter y comencé a llorar. No sé por que lo hacía, yo no quería un hijo, ni mucho menos ¿Cómo podía llorar por algo que nunca tuve, por algo que nunca deseé?
-¡Maaaaar! Joder, ábreme o tiro la puerta –gritó.
Entonces abrí la puerta, fue directo al test, me miró, me quito las lágrimas con sus dedos y me besó.
Fue un beso de amistad, ya no era solo pasión. Era algo más que amor. Aquella noche la pasé con él. No podía estar sola, tan solo dormimos abrazados, aliviados de que nada hubiese sido lo que pensábamos pero creo que al fin y al cabo, si hubiese estado embarazada no sería tan malo, siempre lo tendría a él.

lunes, 28 de junio de 2010

¿Le apetece un atardecer para recordar por siempre?

Estábamos allí tumbados, los dos, en la bonita casa del árbol, comiendo fresas. Él no era como el resto de los chicos, era simpático, me escuchaba, se reía conmigo…
Entonces cogió mi bolsa de fresas, se levantó y la saco por la ventanita de la casa.
-¿Qué haces? ¡Dame las fresas! –Se le había ido la cabeza, se levanto tan rápido… no le entendía.
-¿Las quieres? Bésame. – Dijo sonriendo.
-¿Qué? No voy a besarte por unas estúpidas… -Y no me dejó terminar la frase. Sus labios se abalanzaron sobre los míos.
Me dio un mordisco de una de esas fresas, me lanzó al suelo y siguió besándome con más fuerza. Era algo tan extraño, me abrazaba como si me fuese a escapar. Entonces bajo sus labios a mi cuello y al glóbulo de mi oreja besándome y mordiéndome.
Esto era tan nuevo para mí, me estaba volviendo loca.
Sus manos abrazaban mi espalda, pero lentamente se movieron bajo mi camiseta, luego bajo mi sujetador, acariciándome. Mientras nos seguíamos besando cómo locos, le besaba todo el cuerpo.
Mi camiseta voló al igual que la suya. El me besaba el escote y el cuello.
-Yo nunca… -me limité a decir.
-Ya, ya… no pienso hacer nada que tu no quieras, párame. –Dijo, separando su boca de mí.
Pero en ese atardecer el “yo nunca” desapareció. Las tablas de madera crujieron, aquel árbol tembló, nosotros sudamos, gemímos … Creo que lo guardaré en mí como el mejor atardecer de mi vida.


domingo, 6 de junio de 2010

Y no, no paramos :)

Sentí el roce de sus labios que acariciaban mi mejilla, fue un instante, no más de dos segundos, pero para mí, un momento eterno de felicidad.
Me sentía de película, él… se que pensareis que no lo conocía, pero era el chico de mi vida, lo demostraría, tenía una eternidad para conocerlo.
Era guapísimo. Solo me había fijado en sus ojos y sus manos, era lo que más llamaba la atención de él. Pero sus labios, su nariz, su pelo… Todo, absolutamente todo era envidiable.
Cuando despegó sus labios de mi cara, dijo su nombre:
-Soy Marco, encantado –ese nombre era especial, Marco, suena bien, de hecho, suena genial.
-Hola, yo soy Alejandra –dije con un hilo de voz.
Eran las palabras más estúpidas del mundo, las más insignificantes, pero no las olvidaré. El pronunciar su nombre con su media sonrisa, no, sin duda alguna no lo olvidaré.
Nos quedamos callados un rato, no sabíamos que decir, no nos conocíamos.
-¿Por qué tardaste tanto en contestarme en el autobús? –preguntó por fin, no era lo que me hubiese gustado que dijera ¿qué iba a contestar yo ahora? pero al menos habló, el silencio me empezaba a incomodar.
-No sé, me quede pillada, no sabía qué hacer, fue extraño.
Y otra vez sacó su media sonrisa que dejaba enseñar algunos de sus dientes, me volvía loca.
-¿Quieres bailar? –soltó, esto iba de mal en peor.
-Pero ¿cómo vamos a bailar? Si no hay nadie bailando… no hay ni pista de baile –ese chico estaba loco.
-¿Acaso eso importa? ¿Había alguien más en el autobús dibujando caritas? No te guíes por lo que hagan los demás –Me cogió de la mano y justo en ese momento empezó a sonar una canción lentita, de estas de bailar pegados, el universo estaba de mi parte.
Estábamos bailando, los dos ahí en medio, como dos completos idiotas. Sentía su respiración, sus manos… Entonces, sentí sus labios, sentí que nos uníamos, sentí como retiraba el pelo de mi cara, como me abrazaba más fuerte y nos seguíamos moviendo al ritmo de la música, mientras me besaba con toda su fuerza.
Separó sus labios, los acerco a mi oreja y susurró:
-Dime que pare, tan solo dime que pare…